LA RAZA LOSINA.

El Caballo de las Merindades.

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Origen del Caballo Losino.

El origen de la raza Losina, como el de todas las razas de ponis del norte de España, ha sido tradicionalmente considerado como un enigma poco menos que irresoluble, hasta tal punto que cuando ya a mi entender no lo es, sino que su origen es claro y evidente, el peso de las opiniones tradicionales sigue imponiéndose por inercia a la evidencia.

Cuantos autores se han acercado al tema, afirman que el origen de los ponis españoles no está esclarecido y parece hundirse en la noche de los tiempos, tanto por su antigüedad como por su oscuridad, no obstante lo cual, la mayoría aventura posibles orígenes, a cual mas variopinto.

Mi colega Jesús Martinez Saiz, joven veterinario burgalés que ha dirigido las investigaciones de su tesis doctoral hacia la caracterización morfológica y genética de la raza Losina, en una reciente y exhaustiva revisión bibliográfica (1999), ha recogido todas las opiniones lanzadas hasta ahora, pudiéndose agrupar en tres hipótesis:

1. "El caballo Losino descendería del árabe (BAÑUELOS, 1951). Esta opinión se fundamenta en que algunos caracteres parecen ser comunes en ambas razas (fogosidad, resistencia, finura de las extremidades con vasos y tendones muy ostensibles, etc.). Añadiendo además que tanto el caballo árabe como el anglo-árabe han influido a través del tiempo en la mejora del caballo Losino.

2. El caballo Losino sería uno de los tres tipos caballares indígenas de la Península Ibérica, diferenciándose de las razas Cantábricas y de las del sur de la península. Entroncado genotípicamente con el Tarpán, y descendiente igualmente de especies que han poblado la Península Ibérica desde los tiempos del Terciario y Cuaternario (Hipparion Gracile). Esta hipótesis podría llamarse monofilética, es decir, que la raza del caballo Losino tendría un origen depurado en una subespecie salvaje (CASTEJON, 1953).

3. La gran mayoría de los autores, (CABRERA, 1919; SKOROWS-KI, 1974 y NOBIS, 1979), apoyan el origen de las poblaciones de las razas equinas del norte de España (donde se incluye el caballo Losino), en las emigraciones de diferentes pueblos del Norte, principalmente los Celtas, que trajeron aquí sus caballos ya domesticados, o bien por el cruzamiento entre subespecies salvajes que más tarde son domesticadas en nuestro suelo. Es decir, un origen polifilético.."

Estas tres hipótesis recogidas de la bibliografía existente sobre el tema por Martínez Saiz, son harto discutibles:

La primera de ellas (descendencia del árabe), opinión de terceros citada por Bañuelos, no tiene la más mínima consistencia, ya que todo el denominado tronco céltico de ponis atlánticos se encuentra ya extendido y documentado en épocas anteriores a las primeras dataciones arqueológicas de restos de caballos árabes, que se circunscriben además a los desiertos del medio oriente, y la "mejora" citada en el Losino, ha tenido lugar en el siglo XX. El parecido, que en los detalles citados es ciertamente notable, bien pudiera explicarse en una posible primitiva ascendencia común.

La hipótesis monofilética, (origen independiente del de las razas cantábricas y de las del sur peninsular), si ya era harto extraña por la similitud de fenotipos y la proximidad cuando no continuidad e incluso solapamiento de áreas de distribución con el resto de razas cantábricas, se ha desvanecido con los primeros estudios genéticos, que indican el cercano parentesco y consiguiente origen común de todas ellas, y su diferenciación del resto de razas peninsulares.

Aún cuando suele reconocerse la incertidumbre sobre su origen, la hipótesis polifilética, y mas concretamente la hipótesis Celta, es la generalmente admitida como válida por cuanto autor se ha acercado a los ponis atlánticos. Nuestros ponis, serían por tanto un legado que nos trajo el pueblo celta, allá por el 1600 a. de C. La ausencia de restos y documentos rupestres, que implicaba la desaparición en la península desde principios del Mesolítico (9.000 a. de C.) de todos los tipos de caballos preexistentes, y la aparente reaparición en el norte de los ponis cantábricos en forma mas o menos coincidente con la llegada de las tribus Celtas, originarias de las estepas eurasiáticas, estepas que aún hoy (Siberia, Mongolia), están pobladas por ponis con ciertas similitudes, ha proporcionado, sino evidencia, sí una gran lógica a la hipótesis del origen celta de nuestros ponis.

Pero..... recapitulemos. Las pinturas rupestres de la cordillera cantábrica permiten conocer con seguridad los tipos de caballos que la habitaron en el periodo en que se plasmaron estos extraordinarios documentos gráficos (40.000 – 9.000 a.C.).

También en la comarca de Merindades, cuna histórica del Caballo Losino, la primera referencia sobre los caballos que la habitaron es también pictórica. Aunque las pinturas rupestres no son abundantes, aportamos a cambio (Cueva Palomera, complejo cárstico de Ojo Guareña, Merindad de Sotoscueva) una realmente singular (Fig. 15).

Figura 15.- Caballo (¿capturado a lazo?) tirando hacia atrás con fuerza.
Sala de las pinturas. Cueva Palomera. Ojo Guareña (Burgos).

Desconocemos su datación, pero la relativa proximidad a los santuarios rupestres santanderinos, y su acabado, permiten situarla, con Las Monedas y Altamira, en el periodo en que este arte alcanzó su madurez (13 - 9.000 años a. de C.).

Su singularidad descansa en dos motivos:

* No se limita al contorno, sino que está rellena de color negro, lo que sugiere que ese era el color del motivo representado.

* Representa claramente un caballo recién capturado, tirando hacia atrás con fuerza de una cuerda que lo sujeta al cuello. De la representación pictórica de este tipo de captura, solo tenemos noticia de otra pintura en la cueva de Cambarelles.

Personalmente, desde nuestros primeros acercamientos al tema del origen de los actuales ponis españoles, siempre hemos constatado con perplejidad su apabullante similitud con los tipos elipométricos cantábricos del arte rupestre, que cuando en la segunda mitad del magdaleniense (13-9.000 años a. de C.) madura y muestra formas reales, perspectivas normales y dibujos mas acabados, plasma en la cueva de Las Monedas (cuevas del Monte del Castillo, Puente Viesgo) y sobre todo en Altamira, sus perfiles subconvexos claramente en S, sus cabezas alargadas, sus finas extremidades y su armonía de conjunto tan similares a las de nuestros ponis actuales.(Figs. 16 y 17).




Figura 16.- Caballos. Grabado. Cueva de Altamira (Cantabria).


 

Figura 17.- Silueta de caballo policromado. Cuevade altamira (Cantabria).

Que esta población caballar del tipo solutrense desapareciera de nuestros montes en el Mesolítico debido al gran cambio climático y ecológico determinado por el final de la última gran glaciación (10.500 – 11.500 años a. de C) y el consiguiente desplazamiento de las praderas esteparias hacia el centro y norte de Europa y su sustitución en la península por bosques, es perfectamente comprensible y en principio probable. Pero que miles de años después un caballo diferente que se supone introdujo un pueblo lejano -que además efectuó la migración a pié- desde las estepas del norte, tuviera un morfotipo idéntico y se adaptara perfectamente a un medio ambiente tan distinto y desfavorable como si fuera el suyo, siempre nos ha parecido excesiva casualidad. Demasiado extraño, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros ponis actuales se parecen mucho más a los prehistóricos que a los actuales ponis de las estepas euroasiáticas.

La excesiva similitud siempre nos ha sugerido que no estábamos ante un ejemplo de convergencia genética, en que diferentes especies o razas convergen en morfotipos similares por mor de la adaptación evolutiva a nichos ecológicos parecidos, si no que de alguna forma ha debido de haber una continuidad, un hilo conductor genético entre nuestros caballos prehistóricos y los actuales.

Aeste respecto, es extraña la ausencia de una hipótesis que nunca hemos encontrado pese a ser, sino cierta, sí mucho más lógica que la comúnmente aceptada: La migración (no extinción) y posterior retorno al vaivén de los cambios medioambientales del mismo tipo de caballo, coincidiendo el retorno con las migraciones celtas en el tiempo, y quizá también en la causa. Esta hipótesis explicaría tanto la continuidad de tipos como la falta de restos en el mesolítico, pero conlleva una contradicción inexplicable: Que procediendo de las estepas septentrionales, se adaptara fácil y rápidamente al bosque de montaña, y sin embargo no lo hiciera cuando tuvo mucho mas tiempo para ello, cuando los cambios climáticos y ecológicos que supuestamente originaron su extinción se produjeron gradualmente.

Al final, como tantas veces ocurre, la explicación más sencilla comienza a tomar tintes de realidad, por no decir evidencia: Hallazgos arqueológicos recientes, (Zatoya, Navarra), han demostrado que al menos en el norte de España, el caballo de tipo solutrense no se extinguió ni en el Mesolítico ni en el Neolítico (Altuna, 1997). Esto quiere decir que nuestros ponis llevan aquí 40.000 años, y que la semejanza de morfotipos con los caballos tan maravillosamente plasmados en nuestras cuevas no es consecuencia de la casualidad, sino sencillamente de la continuidad de la especie, con pocas modificaciones evolutivas diferenciadoras, y con casi nulos aportes genéticos extraños: No se parecen a los de las cuevas, ¡Son ellos!

Estamos convencidos de que los futuros hallazgos y las nuevas pruebas que permita el avance científico apuntarán indefectiblemente en esta dirección.

La ligera diferenciación del Caballo Losino dentro del indudable tronco común de ponis cantabropirenaícos, se habría originado,

* Por un ligero aporte de material genético ajeno, de caballos de la meseta, o bién,
* Por evolución propia desde el tipo originario, adaptándose a las montañas más suaves que conforman su área histórica de distribución, lo que nos parece más probable teniendo en cuenta la mínima diferenciación morfotípica con el Pottoka (mayor alzada), y la continuidad e incluso solapamiento de sus áreas de distribución.

El mantenimiento en los últimos tres mil años y hasta el principio del siglo XX, de un elevado grado de pureza en el Caballo Losino, como en el resto de los ponis cantábricos, no tiene nada de milagroso pese a las pretendidas invasiones caballares sufridas:

* La migración celta se produjo básicamente a pié, y siguiendo a Aparicio (1947), -que fue nuestro único asidero ante tanta y tan reputada opinión contraria-, "La población caballar que importaron (los celtas), no debió ser numerosa; caballos de poca alzada y siluetas ortoides y entrantes que no influyeron en nuestros conjuntos equinos y que tal vez reforzaron el sentido elipométrico impuesto por el medio en la biotipología de nuestras jacas cantábricas."

* Los fenicios nada aportaron, y los cartagineses nada afectaron al norte peninsular en este sentido, pues su caballería no pudo tener mas efecto que afianzar el tipo ya existente en el sur.
* Los romanos, nada aficionados al caballo salvo para las carreras del circo de Roma, preferían viajar en mulo, cuya cría introdujeron, y sus famosas legiones eran de infantería, contratando in situ caballería mercenaria, en nuestro caso celtíberos con sus caballos fieldones.
Plinio el Viejo lo confirma al describir la preexistencia en la península de tres morfotipos de caballos: Uno, en el sur, el Ibérico o Bereber, que habría llegado con los Iberos, y dos mas al norte, a los que Plinio llama Fieldón al uno y Asturcón al otro, que se diferencian, según él, por el tamaño, mayor del primero y menor del segundo (ABAD, 1998).
Esta diferencia de tamaño viene a ser, curiosamente, la misma única diferencia externa notable entre los Asturcones y Pottokas, y el Losino actuales.

* Finalmente, respecto a las invasiones de suevos, vándalos y alanos, y posteriormente de los árabes, como antes en el caso de los celtas, las pruebas existentes indican que se hicieron a base de infantería, siendo reducido el número de caballos que pudieran aportar, y en el caso de los árabes, tampoco hicieron importaciones posteriores importantes, sino que por el contrario, mimaron los existentes en el sur y exportaron hermosos ejemplares.

Aún cuando se hubieran hecho en estos tres mil años aportaciones importantes de caballos extranjeros, el resultado hubiera sido el mismo: Téngase en cuenta que nuestros ponis han vivido siempre en estado prácticamente salvaje, por lo que los ejemplares de razas foráneas introducidos en su medio por el hombre o asilvestrados, nunca han podido competir ventajosamente en un medio ambiente tan difícil, y por tanto, caso de sobrevivir y reproducirse, habrán sido irremediablemente absorbidos.



Figura 18.- "Blaky" mejora a Napoleón: Desde esta colina, 40.000 años os contemplan.

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